La retórica es "la facultad de conocer en cada caso aquello que puede persuadir. La retórica puede ser cultivada, pero se deben conocer sus principios". La retórica se basa en el verosímil, mediante el razonamiento se debe demostrar aquello que la gente cree posible. Para ello quien emite el discurso se vale de la lógica del sentido común: lógica de opinión pública. Aristóteles la define como "más vale un verosímil imposible, que un posible inverosímil". Con ésto, Aristóteles cree que se debe contar a la gente aquello que cree posible.
Aristóteles desarrolla el arte de la retórica como un árbol con diferentes ramificaciones. El detalle de éste abarca distintos aspectos, que a continuación entregamos.
La invención es la operación mayor. Se trata de establecer pruebas o argumentos para persuadir durante el discurso. Es el cuerpo lógico y psicológico, es el contenido. En la búsqueda de argumentos y persuasiones se debe convencer y emocionar.
Se debe convencer a través de la fuerza lógica de los argumentos, existiendo dos tipos de pruebas: las extra-técnicas (leyes, juramentos, testigos, contratos y confesiones). Son las que nos han sido impuestas, ya existían y están fuera del orador. Las técnicas son las inventadas por el orador, a partir de su propio razonamiento. Se debe recurrir a ejemplos o efitemas.
El ejemplo es la inducción: del objeto particular se infiere una clase, y de ésta se deriva un nuevo objeto particular que es ocupado en el lugar del primero. Es un argumento por analogía (o contrarios) cuya persuasión radica en la similitud de características entre hechos distintos.
Para Aristóteles las emociones son parte de la retórica. Se adapta el discurso al oyente. El orador debe ganarse al oyente y para ello debe presentarse como una persona digna de confianza y creíble. La otra alternativa, es fomentar las pasiones, apelando a los sentimientos de los que los escuchan.
La disposición es determinar el lugar y el orden de los argumentos en el discurso. El exordio y el epílogo son un llamado a los sentimientos, en cambio la narración y la demostración son un llamado a la razón. El exordio es la introducción, parte clave en la que gana la atención del público. La narración debe ser verosímil, clara y breve. En la demostración se define la causa a ser discutida, y se argumenta en relación a esta causa. En el epílogo se emociona al público, disponiendo, amplificando, atenuando, excitando pasiones y trayendo recuerdos de la memoria. La elocución es la parte estética del discurso, centrada en el lenguaje por lo que se deben elegir cuidadosamente las palabras. Aristóteles recomienda utilizar figuras retóricas y dar al estilo un aire extranjero porque ésto exalta la imaginación. Destaca el uso de la voz alta (inflexiones y ritmos), estableciendo siete cualidades en la elocución: saber, pureza, grandeza,conveniencia, ritmo, período, cultura y vivacidad.
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